4 de octubre de 2025
Sacroileítis (articulación sacroilíaca inflamada): síntomas y tratamiento
Léa Guido
¿Qué es la sacroileítis?
La sacroileítis es la inflamación de una o ambas articulaciones sacroilíacas, las que conectan la base de la columna (el sacro) con los huesos de la pelvis. Aunque su movimiento es mínimo, esta articulación reparte el peso del tronco hacia las piernas en cada paso, por lo que cualquier irritación en ella —también descrita como "hueso sacro inflamado" o "inflamación sacroilíaca"— puede generar un dolor notable en la zona lumbar baja y los glúteos.
Es habitual encontrar el término escrito de forma incorrecta como "sacroilitis" o "sacrolitis": ambas variantes se refieren a la misma afección.
Síntomas de la sacroileítis
El síntoma principal es un dolor en el sacro o justo debajo de la cintura, a un lado o a ambos, que puede irradiar hacia el glúteo, la cadera o la parte posterior del muslo, aunque rara vez baja más allá de la rodilla. Otros signos frecuentes:
- Rigidez al levantarse por la mañana que mejora al cabo de un rato en movimiento.
- Dolor que empeora al estar de pie mucho tiempo, subir escaleras, levantarse de una silla o girar el tronco.
- Molestia al pasar el peso de una pierna a otra o al dar el primer paso tras estar sentado.
- Sensación de inestabilidad pélvica, especialmente durante el embarazo.
Sacroileítis bilateral o unilateral: qué significa cada una
Que el dolor afecte a una sola articulación (unilateral) o a las dos (bilateral) da una pista sobre la causa, aunque no es un diagnóstico por sí solo. La sacroileítis unilateral suele asociarse a sobrecarga mecánica, un golpe o una diferencia de longitud entre las piernas. La bilateral y simétrica aparece con más frecuencia en enfermedades inflamatorias como la espondilitis anquilosante, que afecta ambos lados en la gran mayoría de los casos diagnosticados. Un profesional puede orientar esta diferencia con la exploración física, aunque las pruebas de imagen son las que confirman el origen.
Causas más comunes
- Sobrecarga mecánica: esfuerzos repetitivos, malas posturas mantenidas o cambios bruscos en la actividad física.
- Embarazo: los cambios hormonales aumentan la laxitud de los ligamentos pélvicos para preparar el parto, lo que puede desestabilizar la articulación.
- Golpes o caídas que afectan directamente a la zona.
- Diferencias en la longitud de las piernas, que alteran la mecánica de la pelvis al caminar.
- Enfermedades inflamatorias, como la espondilitis anquilosante, la artritis psoriásica o las enfermedades inflamatorias intestinales.
- Infección de la articulación, poco frecuente pero que requiere atención médica urgente.
¿Es grave la sacroileítis?
En la mayoría de los casos, no. La sacroileítis mecánica —la más frecuente— suele responder bien al cuidado conservador y no deja secuelas. Aun así, hay señales que conviene valorar con un médico cuanto antes:
- Fiebre o malestar general junto con el dolor, que puede apuntar a una infección.
- Dolor que aparece tras un traumatismo importante o una caída con impacto directo.
- Hormigueo, pérdida de fuerza en la pierna o problemas para controlar la vejiga o el intestino.
- Dolor que no mejora en varios días o que empeora de forma progresiva.
Fuera de estos casos, dejar la sacroileítis sin cuidado sí puede prolongar el dolor y limitar la movilidad con el tiempo, tal y como recoge la Cleveland Clinic, por lo que conviene abordarla en lugar de esperar a que remita sola.
Diagnóstico
La exploración física —presionando y movilizando la pelvis en distintas posiciones para reproducir el dolor— suele bastar para orientar el origen mecánico. Si hay sospecha de una causa inflamatoria o infecciosa, o si el dolor no mejora con el cuidado inicial, el siguiente paso son pruebas de imagen (radiografía o resonancia magnética) y, en ocasiones, un análisis de sangre.
Tratamiento de la sacroileítis
El abordaje conservador es la primera línea cuando el origen es mecánico:
- Mantenerse en movimiento dentro del límite del dolor, evitando el reposo prolongado, que tiende a aumentar la rigidez.
- Fisioterapia y ejercicios de estabilización de la pelvis y el core.
- Antiinflamatorios pautados por un médico cuando el dolor lo requiere.
- Ajuste quiropráctico de la pelvis en los casos de tipo mecánico.
Cuando la causa es inflamatoria —por ejemplo, una espondilitis anquilosante— el tratamiento lo dirige reumatología y puede incluir fármacos específicos; la quiropráctica y la fisioterapia pueden complementarlo, pero no lo sustituyen.
Cómo puede ayudar la quiropráctica
Un examen quiropráctico permite identificar si la articulación está bloqueada o presenta un exceso de movilidad, y adaptar el cuidado a cada caso. Los ajustes específicos de la pelvis, combinados con ejercicios de estabilización, suelen aportar alivio progresivo y ayudan a prevenir recaídas en los casos de origen mecánico. Si el dolor se parece más a una ciática que baja por toda la pierna, o si además notas dolor de cadera, vale la pena mencionarlo en la consulta: ayuda a diferenciar el origen del problema. En el caso de las embarazadas, los ajustes se adaptan específicamente a cada trimestre.
¿Es bueno caminar con sacroileítis?
Sí, caminar a un ritmo cómodo suele ser mejor que el reposo total: mantiene la articulación en movimiento sin la carga de impacto de correr o saltar. Lo razonable es ajustar la distancia y el ritmo a lo que el dolor permita, parar si aparecen molestias claras y evitar terrenos irregulares o cargar peso mientras dura el brote agudo.
¿Se puede trabajar con sacroileítis?
En la mayoría de los casos sí, adaptando algunas cosas: alternar de postura cada 30-40 minutos si el trabajo es sentado o de pie estático, evitar cargar peso de forma asimétrica y usar una silla con buen apoyo lumbar. Si el trabajo implica esfuerzo físico intenso, flexiones repetidas o cargas pesadas, puede ser necesario adaptar temporalmente las tareas mientras se resuelve el episodio agudo.
Prevención
Fortalecer la musculatura del core y los glúteos, mantener una postura equilibrada al estar de pie o sentado, evitar cargar siempre el peso del mismo lado y calentar antes de la actividad física reducen el riesgo de que la sacroileítis mecánica reaparezca.
Preguntas frecuentes
¿Cómo distingo el dolor sacroilíaco de una ciática? El dolor sacroilíaco suele quedarse más localizado en la zona baja de la espalda y el glúteo, mientras que la ciática se extiende con más frecuencia por toda la pierna, a veces hasta el pie.
¿Es recomendable el reposo total? No. El reposo prolongado puede empeorar la rigidez; es mejor mantenerse en movimiento dentro de los límites del dolor.
¿Es grave la sacroileítis? En general no. La mayoría de los casos son de origen mecánico y mejoran con cuidado conservador. Solo requiere atención urgente si hay fiebre, un traumatismo previo importante, u hormigueo y pérdida de fuerza en la pierna.
¿La sacroileítis bilateral es peor que la unilateral? No necesariamente peor, pero sí distinta: cuando afecta a ambos lados por igual conviene descartar una causa inflamatoria con un médico, mientras que el dolor de un solo lado suele apuntar a una causa mecánica.
¿Es bueno caminar con sacroileítis? Sí, caminar dentro de lo que el dolor permita es preferible al reposo total; evita el impacto de correr o saltar durante el brote agudo.
¿Se puede trabajar con sacroileítis? Sí en la mayoría de los casos, adaptando la postura, alternando posiciones con frecuencia y evitando cargas asimétricas. Los trabajos de esfuerzo físico intenso pueden necesitar ajustes temporales.
¿Cuánto tarda en mejorar la sacroileítis? La de origen mecánico suele mejorar en pocas semanas con cuidado adecuado. Si el origen es inflamatorio, la evolución depende del tratamiento de la enfermedad de base y puede ser más larga.
¿Cuándo debo acudir a un profesional? Si el dolor es intenso, no mejora con el paso de los días, viene acompañado de fiebre, o se presenta con hormigueo o pérdida de fuerza en la pierna.